Otro peliculón de uno de mis actores favoritos, Edward Norton, El ilusionista.


La película parte de una idea clásica, un triángulo amoroso donde en el centro esta Jessica Biel, proveniente de la nobleza y obligada a casarse con el príncipe Imperial a pesar de seguir enamorada de Edward Norton, su amor de la adolescencia y a quien pensaba había perdido hace mucho tiempo tras su desaparición de Europa.

Pero a partir de esto comienza una historia fantástica muy bien llevada gracias a la introducción de la magia en la película, ya que desde un principio la película juega con el espectador haciéndole participe de los espectáculos y no permitiendo saber si lo que hace el mago tiene truco, provocando esa duda constante entre si lo que estamos viendo es a una persona recreando una ilusión o a alguien con poderes reales.

Poderes que resultan culminar hacia el final de la película cuando el mago adquiere la habilidad de llamar a espíritus de fallecidos en sus espectáculos, algo que provoca el miedo y la fascinación entre muchos de los asistentes y como ya he dicho la duda constante entre nosotros los espectadores de ¿Truco o Poderes?

"Desde el momento en que llegamos a esta vida, el tiempo nos gobierna, lo medimos, lo señalamos, pero no podemos vencerlo, ni siquiera hacerle ir más aprisa, ni más despacio... o ¿si podemos? ¿No hemos experimentado todos la sensación de que los momentos preciosos pasan demasiado aprisa, y deseado que duraran más, o se ha parado el tiempo en un día gris y hemos deseado que corriera más?"